Hoy volvió a ocurrir, allí de todas las casas y edificios de la cuadra donde no habitan los ladridos ni patean las pezuñas, en la de frente más sencillo, cada dos días a veces cada tres aparecen los malolientes recuerdos del malcriado canino que una vez marcado el territorio con sus fétidos amarillentos, lo hace suyo para siempre… Pero esta noche la sorpresa será digna de los cuentos de Horacio Quiroga.
Allí estaba, gorda, apretada, a punto de reventar esperaba por su próximo acreedor, plástico tesoro disputado por canes desinhibidos vs. felinos escrupulosos, transeúntes ambas especies aventajadas por la fuerte y grosera imposición territorial del canino, que cuando la pone … la arruina.
Solamente que esta vez el contenido estará premiado con un condimento que hará estrellar sus neuronas al límite, en un viaje "psicodélico" con ticket sin regreso. Plena de largas y gruesas morcillas, suculentas, gustosas, dignas de su apetito listas para saciar su necesidad. Y para terminar para siempre con aquel martirio, en el frente de mi casa.
- Amiga al vecino del 3B del edificio de la esquina, se le murió la mascota, pobrecito anda desolado – murmuró la vecina.
Mis ojos desorbitados preguntaron cómo? tan inteligente su animalito y tan goloso !
pero mis labios callaron y en mi corazón latía un ventarrón de frescura tras una mirada de conmiseración digna de estampita de santo.
– POBRE tan buena gente él, me imagino que estará muuuuy triste.- le contesté.
MetamorPhosis